Producción de Alimentos  y Patrones de Consumo

El crecimiento del sector agrícola, con el consiguiente aumento de la disponibilidad alimentaria, ha sido uno de los elementos más importantes para la reducción del hambre y la desnutrición en las últimas décadas; ello ha permitido que en el presente existan tanto a nivel regional como global alimentos suficientes para satisfacer la demanda de la población (FAO, 2015; FAO,2012). Sin embargo, la lucha contra el hambre no solo implica la existencia de alimentos suficientes, sino también que la población pueda acceder a ellos de forma estable, que estos sean nutricional y sanitariamente adecuados, y que esta situación no se vea afectada por situaciones que pongan en riesgo la continuidad del abasto y consumo alimentarios. A todo ello debe añadirse, la necesidad de que los modelos de producción de alimentos sean eficientes tanto desde el punto de vista social como ambiental. Una de las más importantes enseñanzas extraídas del período de los ODM es que si bién el crecimiento económico, especialmente del sector agrícola, es importante para la erradicación del hambre, es a menudo insuficiente para asegurar por si sólo la seguridad alimentaria y nutricional(Naciones Unidas, 2015b).

La agenda 2030 plantea nuevos desafíos para el sector agrícola, que requiriran necesariamente nuevos enfoques para abordar su papel en la seguridad alimentaria y nutricional. En efecto los avances económicos, sanitarios y sociales observados en los últimos años también implican nuevas presiones en los sectores alimentarios.

Por un lado, el incremento de los ingresos y la creciente urbanización han implicado cambios en la demanda de alimentos(Ruel etal., 2013). Así, se observa como a medida que aumentan los ingresos, la demanda de carne y lácteos se incrementa de forma notable, mientras que la de frutas y vegetales también crece, aunque de forma menos marcada y la demanda de cereales disminuye (FAO, 2013). Por otro lado, la urbanización amplia la distancia entre productores y consumidores y produce cambios en los patrones de producción y consumo; en particular, implica un aumento en la disponibilidad y demanda de alimentos calóricamente densos, nutricionalmente pobres, menos diversos y más baratos en comparación con alimentos más saludables (Arias Carballo y Coello, 2013). En esta tendencia, la mayor presencia de productos procesados y ultraprocesados ya no sólo se observan en los países de renta alta, sino también en aquellos de renta media y baja (OPS,2015).

Considerando las tendencias en el crecimiento demógrafico, se estima que para el 2050 la producción agrícola tendrá que aumentar entre un 60 y un 100% en los países en desarrollo. Si bién es cierto que en el pasado el sector agrícola incremento sus niveles de productividad gracias a mejoras tecnológicas que permitieron , por ejemplo triplicar la producción agrícola en 50 años aumentando la superficie cultivada en sólo un 12%, la trayectoria actual del crecimiento agrícola es insostenible, y se observan actualmente graves consecuencias en ecosistemas terrestres. Si a ello sumamos los graves efectos que el cambio climático puede tener en la producción alimentaria, se presenta un escenario en el cual la sostenibilidad de la oferta alimentaria y su diversidad futura se encuentra bajo amenaza(FAO, 2015b).

La eficiencia en la producción y consumo actuales está estrechamente vinculado con lo anterior. Si consideramos que 1300 millones de toneladas de alimentos se pierden o desperdician anualmente en el mundo, se puede afirmar que para los sistemas alimentarios no solo existen amenazas futuras relativas al incremento en el volumen, diversidad y calidad de la oferta de alimentos, sino también problemas inmediatos relativos a las actuales formas de producción. Por lo tanto antes de enfocar las inversiones en el aumento de la productividad, los países del mundo deberían invertir en reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos(Naciones Unidas, 2015c).

Todo lo anterior cobra sentido frente al cumplimiento de las metas del ODS 2, particularmente en aquellas referidas a la erradicación del hambre y la malnutrición. Aún cuando las causas subyacentes del hambre, la desnutrición, la deficiencia de micronutrientes y el sobrepeso y la obesidad son complejas, existe un denominador común entre todos estos fenómenos: la presencia de dietas nutricionales inadecuadas. Así en los próximos años, los sistemas alimentarios deberán cumplir dos requisitos para sustentar el proceso de erradicación del hambre y la malnutricón, y lograr así el ODS 2: aumentar su sostenibilidad e integrar criterios nuricionales en su desarrollo.

ODM: objetivos de desarrollo del milenio.

ODS: objetivos de desarrollo sostenible.                                                               Fuente: Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional 2016. FAO/OPS/OMS


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