REGLAMENTAR LA PUBLICIDAD DE ALIMENTOS Y BEBIDAS PARA NIÑOS ES UNA NECESIDAD
Uso de fantasía o efectos especiales, presencia de dibujos animados, oferta de regalos u obsequios coleccionables. Son algunos de los recursos de persuasión que utiliza la publicidad de productos alimenticios cuando se dirige a la población infantil y cuyo mensaje se centra más en el incentivo que en el alimento.
Si ponemos la mirada sobre el mercado publicitario que sostiene la TV abierta argentina, la industria alimenticia es una protagonista destacada en sus tandas publicitarias, incluidas las franjas horarias de programación infantil. Y si agudizamos la mirada, encontramos que las publicidades televisivas de alimentos dirigidas a la industria infantil están lejos de cumplir con el derecho a la salud que les asiste a los niños y niñas argentinas.
Una avalancha de imágenes con colores agradables, personajes animados que hacen gracias," famosos" que sonríen e incitan al consumo del producto, frases diseñadas para impactar e influir sobre conductas o elecciones, irrumpen en cada tanda publicitaria entre los programas infantiles. El objetivo es claro: seducir audiencias infantiles y lograr que compren y consuman los productos publicitados.
En canales infantiles nueve de cada 10 avisos son poco saludables. Los menores están expuestos a 60 avisos de TV de comida chatarra por semana.
Un estudio hecho por la Fundación Interamericana del Corazón analizó 21.085 publicidades televisivas, y encontró que la mayoría de los alimentos publicitados (88 %) tenían un bajo valor nutritivo por su alto contenido en grasas totales, grasas trans, azucares, sal y calorías. Los postres, los lácteos, las bebidas azucaradas, las cadenas de comidas rápidas y los snacks salados fueron las cinco categorías de alimentos más publicitados.
Hay una necesidad de disminuir la exposición de los chicos a las publicidades no sólo en la TV sino en todos los medios: internet, redes sociales, vía pública, radio y revistas. Lo que se recomienda para que la política sea efectiva es que sea integral, que la publicidad no sólo se restrinja a un medio, que el Estado defina un perfil de nutrientes para saber que productos se van a incluir en esta restricción y un sistema de sanciones que este activo.
Desde hace veinte años estoy tratando y estudiando desde todos los ángulos la malnutrición, especialmente el sobrepeso y la obesidad, he visto como fue en aumento en nuestro país, sin que las autoridades de turno se ocuparan del tema seriamente; por el contrario entramos en una línea ascendente, con decisiones tomadas a favor del poder económico en desmedro de la salud de la población.
Argentina ha experimentado lo que se denomina una "transición nutricional". Se trata de una secuencia de modificaciones, tanto cuantitativas como cualitativas, en la alimentación relacionada con cambios económicos, sociales, demográficos y factores de salud. Las dietas tradicionales han sido reemplazadas rápidamente por otras de mayor densidad energética, lo que significa más grasa, principalmente de origen animal, y más azúcar añadido a los alimentos, unido a una disminución de la ingesta de carbohidratos complejos y de fibra.
Entonces llegamos al día de hoy con cifras que nosotros mismo producimos, y lo peor de todo es que son los niños cada vez más pequeños los que padecen las consecuencias; uno de cada 10 chicos en argentina es obeso y tres de cada 10 chicos tiene sobrepeso.
Sobre la misma linea, nuestra Fundacion realizo un estudio sobre una población de 150 niños, en edad escolar de entre 6 y 13 años de edad, de la ciudad de Córdoba (Argentina); cuyo objetivo fue determinar hábitos y preferencias alimentarias, valorando entre otras cosas las principales medidas antropométricas que permitieron conocer su estado nutricional, además de otros datos que investigamos.
Las conclusiones que obtuvimos es que es necesario realizar con premura actividades de promoción de una alimentación saludable y variada entre la población estudiada, tanto en el medio familiar como en el entorno escolar.
La OMS advirtió que la Obesidad Infantil está tomando proporciones alarmantes en muchos países y supone un problema de salud grave que se debe abordar con urgencia.
Es hora de que en Argentina comencemos a diagramar políticas públicas en serio, para revertir esta grave epidemia de malnutrición.
Una de las aristas es la publicidad de alimentos y bebidas que hay que reglamentar y controlar que se cumpla; debe prevalecer el interés por la salud pública por sobre los intereses comerciales.
Nota redactada: Dra. Silvia Carrasco